📌»Ocurrió con Laguardia-Biasteri» Euskaltzaindia en la toponimia oficial está cometiendo algunos disparates.

Joseba Abaitua Doctor en lingüística en la Universidad de Deusto

En una entrevista publicada en el día de ayer por el diario el Correo en su edición de Álava y en formato de pago solo para suscriptores, que pasamos a ampliar en ArabarErrioxablog, este periódico se hace eco de un artículo publicado por Joseba Abaitua (Entre Gaubea y el monte de la Tortilla) en la que su autor declara que no hay mucha diferencia desde un punto de vista técnico afirmaba, ambos son neotoponimos, esto es, nombres de nuevo cuño que reemplazan a nombres anteriores, bien por uso popular, como es el abandono o por otros motivos.

Así, las monarquías emergentes europeas de la Edad Media, en su empeño por ganar poder frente a los señores locales, reorganizaron el territorio transformando algunas aldeas en villas aforadas, con nombres «à la mode», de forma que Gasteiz se convirtió en Vitoria, Arrasate en Mondragón, o Agurain en Salvatierra. Esta potestad de poner o cambiar nombres, que en tiempos ejercieron Sancho VI de Navarra, o Alfonso X de Castilla, la desempeñan hoy los poderes públicos democráticamente elegidos.

En la entrevista realizada, este diario adelanta el contenido de  la ponencia  que Joseba Abaitua leerá este próximo sábado 6 de noviembre en un encuentro que sobre Onomástica ha organizado la Asociación Etnográfica y de Difusión Cultural ‘Aztarna’ en la localidad alavesa de Amurrio. En la entrevista Joseba Abaitua se muestra muy crítico sobre el trabajo de esta institución.

La ley de 1982 aclara que los cambios en los nombres deberán hacerse «respetando en todo caso la originalidad euskaldun, romance o castellana con la grafía académica propia de cada lengua». Pero Euskaltzaindia ha introducido un matiz importante en la interpretación de esta regla general, de forma que nombres que no tienen origen en el euskera y cuentan con una larga tradición escrita en castellano, como Arceniega, Cárcamo, Contrasta, Corres, Cripán, Crispijana, Cuartango, Durana, Maturana, Ocón, Oquendo, Oyón, Quejana, o Villafranca –ciñéndonos a algunas poblaciones alavesas–, se convierten en bodrios seudovascos, Artziniega, Karkamu, Kontrasta, Korres, Kripan, Krispiña, Kuartango, Dura, Matura, Okon, Okondo, Oion, Kexaa, o Billafranka, respectivamente.

Este cambio de grafía en los topónimos oficiales no solo no los hace más vascos, sino que a menudo distorsiona su correcta lectura y los aleja de los apellidos que derivan de ellos, entre otros daños a su legado cultural.

Desde 1982 también, las corporaciones vascas tienen autonomía para decidir el topónimo de su propia localidad (Ley básica de normalización del uso del euskera), pero es el Gobierno vasco quien «en caso de conflicto […] resolverá, previa consulta a la Real Academia de la Lengua Vasca» (artículo 10). En la práctica, las consultas a Euskaltzaindia son frecuentes y esta institución es la que a la postre posee el mayor poder de influencia en las decisiones sobre toponimia

Hay algunos nombres que están cogidos por los pelos y atentan contra el patrimonio intangible de la onomástica declara y al ser preguntado si existen muchas discusiones sobre la toponimia contesta qué a Euskaltzaindia no se le discute nada aunque afortunadamente atrás quedan las posturas radicales como las de Mikel Gorrotxategi. Ahora la preside Roberto González de Viñaspre, que gestiona esta institución de forma más sensata, pero que no va a cuestionar las decisiones anteriores añade a continuación, ‘ya dieron marcha atrás con Laguardia-Biasteri y no creo que quieran seguir porque su autoridad se tambalearía. Yo creo que en la toponimia oficial se están cometiendo algunos disparates sentencia en el diario “El Correo”.

Al ser preguntado sobre posibles errores responde «la decisión de cómo llamarse la toman las corporaciones, pero aquí se ha aplicado un criterio que a veces da lugar a majaderías, nombres que suenan fatal o que no tienen tradición histórica. A Quejana lo quieren convertir en Kexaa y eso me parece un bodrio descomunal porque hay una tradición literaria y onomástica. Quejana, Durana o Maturana son de origen latino. Muchos pueblos sienten como un estigma no tener un nombre de origen vasco. Ocurre en Oquendo, un nombre con una tradición histórica y diplomática desde el siglo XIII. En San Sebastián hay esculturas y lugares en los que se mantiene ese nombre porque hubo dos marinos con ese apellido que llegaron a tener una alta graduación en la Armada, pese a su origen humilde. Sin embargo, en Álava a la localidad Oquendo le cambiaron el nombre a Okondo. Fue una decisión del escritor José Pablo Ulíbarri en el siglo XVIII porque el sufijo ‘ondo’ le da un aspecto vasco. Es una decisión errónea que debería avergonzar a la gente sensata de Euskaltzaindia añade.

De la misma forma que en castellano carecería de sentido convertir Zaldiaran en un inexistente Valdesoto, tampoco en euskera hay motivo para reemplazar Valdegovía por el inventado Gaubea (que, para colmo, se está empezando a emplear en textos en castellano). Por coherencia, habría que oponerse a la vasquización forzada que denunciamos aquí con la misma energía que se ha denunciado la castellanización de nombres como Mendizabala, u Olabarrieta.

  • Reconocer el rico y digno pasado romance de una parte del País Vasco, así como aceptar y preservar la tradición escrita de la onomástica vasca son algunas de nuestras asignaturas pendientes

La Ley del euskera del 82 declara Abaitua establece que si los topónimos son de origen castellano, se aplicarán las normas de escritura en castellano, pero Euskaltzaindia interpretó esa regla y dijo que si en esa población se ha hablado euskera hasta época reciente, se aplicarán las normas del euskera aunque el topónimo sea romance. Las zonas se dividen en función de su pasado y su origen étnico y eso es una perversión. — ¿Por criterios políticos?  le pregunta la periodista. Porque Euskaltzaindia y el Gobierno vasco tendrían que reconocer que el multilingüismo es histórico y que hay dos tradiciones que han convivido. No es una contienda entre dos culturas. Tienen que convivir las dos.

Txomin Ruiz.

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